Si se toma como indicador únicamente el alza en la matrícula universitaria se podría afirmar que se está respondiendo a las demandas de la sociedad por un mayor acceso a la universidad; no obstante, en el Perú se identifica una alta tasa de subempleo, por lo tanto, es evidente que algo no funciona bien. Fernández (2012) sostiene que existe una gran heterogeneidad en los niveles de calidad de la formación universitaria en la región, por lo que se hacen necesarios mecanismos para el control de calidad; sin embargo, estos suelen centrarse en elementos cuantificables relacionados con la inserción de los egresados en el mercado laboral y su aporte al desarrollo económico, ante lo cual, Nussbaum (2010) afirma que las universidades a nivel mundial enfrentan una preocupante crisis, donde el desarrollo humano, imprescindible para la democracia y la vida armoniosa en sociedad, está perdiendo terreno, pues sus saberes no son cuantificables en términos económicos.
Diferentes autores, como
Fernández (2012) y Ordorika & Lloyd (2014), afirman que políticas como
estas lo que generan es la “Mercantilización de la educación superior”, pues las
instituciones educativas terminan funcionando como empresas que buscan atraer clientes
ofertando un sinnúmero de carreras y priorizando el aumento de la matrícula por
encima de la calidad de la educación que brindan.
Se hace imprescindible, por
tanto, que las universidades sean evaluadas para garantizar la calidad de la
formación que brindan. Ante esto surge la pregunta: ¿Qué es calidad? Fernández
afirma que existen varias posturas y discrepancias al respecto, a lo que
Nussbaum agrega que las que predominan son aquellas que priorizan la evaluación
de la calidad de la formación universitaria con criterios económicos. Ordorika
& Lloyd coinciden al aseverar que la formación universitaria actual se
caracteriza por los “intentos de profundizar y dar prioridad a la vinculación
[de la universidad] con el mundo empresarial; así como la demanda de
trabajadores capacitados” (p. 123). Estos criterios económicos, sin embargo,
resultan limitados para evaluar el desarrollo de un país, pues la formación
humana termina siendo reemplazada “por nociones prioritarias de responsabilidad
individual y competitividad en el mercado.”, (Ordorika & Lloyd, 2014, p.
123). Se deja de lado la formación en humanidades y artes que son
imprescindibles, según Nussbaum, para la capacidad de cuestionar y la “imaginación
narrativa”, definida como la capacidad de entender los puntos de vista de los
demás y asumir las necesidades ajenas como propias. Sin esto: ¿qué clase de
desarrollo se está fomentando?
En resumen, los mecanismos
de control de la calidad no deben centrarse exclusivamente en criterios
económicos o de empleabilidad, pues estos promueven valores individualistas en
lugar de la formación de ciudadanos comprometidos con su sociedad. Es menester,
por lo tanto, dejar de concebir la formación universitaria como un “bien
comercial y mercancía”, en vez de “bien público” (Fernández p. 25), para lo
cual, es importante que el Estado asuma un rol participativo. La prioridad de
una universidad no debe estar en el aumento de la matrícula sino en la calidad
de la formación que en ella se imparte y esta no debe priorizar criterios
económicos sino de desarrollo humano.
La formación universitaria
requiere de una nueva visión que no la reduzca a términos exclusivamente
relacionados al desarrollo económico, se debe incluir y balancear, en los
criterios de control de calidad de las universidades, criterios de desarrollo
humano, los cuales no pueden ser médicos en términos cuantitativos. Es menester
una evaluación cualitativa de la formación universitaria.
REFERENCIAS
* Fernández Lamarra, N.
(2012). La educación superior en América Latina. Aportes para la construcción
de una nueva agenda. Debate Universitario, 1(1), pp. 1-29. Recuperado de: http://portalreviscien.uai.edu.ar/ojs/index.php/debate-universitario/article/view/62
* Nussbaum, M. (2010). Sin
fines de lucro: Por qué la democracia necesita de las humanidades. Buenos
Aires: Katz.
* Ordorika I. & Lloyd, M.
(2014). Teorías críticas del Estado y la disputa por la educación superior en
la era de la globalización. Perfiles Educativos 36(145). Recuperado de: http://dx.doi.org/10.1016/S0185-2698(14)70641-5
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