En educación superior, la definición de calidad no es un asunto sencillo
(Nicholson, 2011). En ese sentido, la literatura y práctica internacional sobre
el tema ha incorporado hasta cinco significados para el término (Harvey y
Knight, 1993). En primer lugar, considera
la calidad
concebida en los altos niveles de desempeño académico; en segundo lugar, la calidad centrada en los procesos que brinda la
educación superior y se relaciona con la inexistencia de defectos y la
existencia de una cultura de calidad enraizada en la institución; en tercer
lugar, la calidad como capacidad para cumplir el
propósito, que evalúa la calidad del servicio por el grado de cumplimiento de
la misión de la institución; además, la calidad como
retorno a la inversión realizada, que evalúa la calidad en términos del
rendimiento sobre los recursos invertidos, y, por último, la calidad como transformación, que se define como un
proceso de cambio cualitativo, con énfasis en agregar valor y fortaleza espiritual, política,
social en los estudiantes para impulsar cambios positivos. En cuanto a este último concepto, la
calidad podría ser considerada como uno de “meta‐calidad” que tiene a los
criterios anteriores como formas operacionales de implementación en vez de ser
fines en sí mismos (Harvey y Knight, 1993), es decir, que se centra
primordialmente en el conocimiento y desarrollo personal de los estudiantes y
en la capacidad académica y productividad de los docentes.
Por otro lado, la calidad educativa en el
contexto de educación superior se podría medir a partir de la identificación de
los principales problemas que generan inconformidades durante el desarrollo de
las actividades en el ambiente institucional de educación superior. De esta
manera, se deberían seguir `procesos que permitan medir y, sobre todo, mejorar
el contexto educativo en cuanto a su calidad. En ese sentido, lo primero sería
identificar los procesos, mejorarlos (según las circunstancias o caso) y
documentarlos. Para esto, un procedimiento primordial es la selección de
docentes que se asemeje al perfil que busca la institución. Esta selección se
desarrolla bajo los criterios planteados por la entidad superior (entrevista,
clase modelo, capacitación, etc.). Otro proceso para medir la adecuada calidad es
la mejora de forma continua en diferentes áreas con el objetivo de replantear
las acciones ante dificultades. Esto ayudará a identificar las brechas existentes
en las diferentes áreas de la institución. Estos dos procesos anteriores se
unen para finalizar en la evaluación de satisfacción del cliente, quien
constata si se cumple con las expectativas de lo esperado ante el programa
recibido.
En
conclusión, no es simple determinar un concepto único de calidad, dado que su
medición es también un actor complejo en este contexto. Esto se debe a problemas
con la disponibilidad de información referida a los procesos y resultados
relacionados con la educación superior. Sin embargo, se puede determinar su
medición con el desarrollo de algunos métodos que se aplicarán en el contexto
educativo. En ese sentido, es necesario aclarar que el concepto de calidad
puede estar relacionado directamente a la capacidad para cumplir un propósito o
a la finalidad a partir de diversos procesos relacionados.
Por lo tanto, una adecuada calidad en la
educación superior debe ceñirse a procesos que se desarrollen a partir de la
selección del personal académico, así como también a la mejora continua en las
diferentes áreas de la institución académica para lograr una adecuada
satisfacción del llamado cliente. Al respecto, esta satisfacción se sintetiza
como la formación profesional que recibirá a partir de las herramientas e
instrumentos otorgados durante su formación, al igual que los conocimientos
impartidos. Todos ellos en conjunto le permitirán combinarlos para producir una
tarea compleja. Esta última se puede traducir como el resultado de la
interacción de los conocimientos, instrumentos y herramientas recibidos durante
su formación. Es en este proceso en el que reside implícitamente el concepto de
calidad del servicio educativo.
Referencias
bibliográficas
Colclough, C., Packer, S., Motivans, A., Ravens, J., Buchert, L., Bella,
N., Cusso, R. (2004). Educación para todos: El imperativo de la calidad.
París-Francia: UNESCO. Recuperado de http://www.unesco.org/education/gmr_download/es_summary.pdf
Harvey, L., y Knight, P. T. (1993). Transforming
higher education. Buckingham, England: Society for Research in Higher
Education & Open University Press.
Harvey, Lee y Newton, Jethro (2004). Transforming
Quality Evaluation. Quality in Higher Educatión.
Nicholson, Karen (2011) “Quality Assurance in Higher Education: A Review
of the Literature”. Council of Ontario Universities Degree Level Expectations
Project. McMaster University, Canada.
Ocádiz, E. (2002). Calidad Educativa. VOZ, pp. 22-23.
SINEACE. (2013).
Educación Superior en el Perú: Retos para
el Aseguramiento de la Calidad. Lima.

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